Comentario de Proverbios

Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos.

La mujer virtuosa no se deja estar. Sabe que ser excepcional requiere un gran esfuerzo, por lo que se prepara para ello. Una mujer virtuosa no está contenta con sus habilidades, apariencia o logros; se esfuerza continuamente por mejorar en cada área de la vida. No descansa en su búsqueda de la excelencia. Toma su papel en serio y procura ser la mejor.

La productividad de la mujer virtuosa es excepcional. Las demás mujeres se desmayan al leer su descripción. Este proverbio demuestra su compromiso con el esfuerzo enérgico y el trabajo diligente. Toda mujer que quiera agradar a Dios y a su hombre también debe comprometerse con mucha energía y fuerza. Ser esposa y madre no son roles cómodos ni fáciles, cuando se cumplen concienzudamente.

Ten en cuenta las figuras utilizadas en el proverbio. Ceñir de fuerza es hacer una cosa firme y tenerla lista para la acción. Los múltiples trabajos físicos en los días de Salomón requerían recoger (ceñir) las prendas largas y sueltas (como las túnicas) para tener mayor movilidad (2 R 4:29; 9:1; Job 38:3; 40:7). Tener los lomos ceñidos significa ponerse de pie, estar lista para el trabajo. Esforzar los brazos no es algo que haga en un gimnasio. Las flexiones de bíceps y las extensiones de tríceps mantendrán los brazos de una mujer firmes y bien tonificados, pero la figura aquí se refiere más bien a toda su persona: espíritu, alma y cuerpo. La idea es que esta mujer ha convocado toda su fuerza física y toda su energía mental para ser productiva en la tarea que se ha impuesto comenzar y terminar exitosamente.

Tiene impulso, energía, fuerza y entusiasmo. No se levanta lentamente realizando movimientos somnolientos. Se levanta para una nueva oportunidad en la vida, y tiene la intención de ser y hacerlo hoy mejor que ayer.

No es Dios quien fortalece los lomos y los brazos de la mujer virtuosa: es ella misma quien lo hace. La mujer del proverbio lee, investiga, hace ejercicio, aprende mejores métodos, toma clases, cambia hábitos, rompe rutinas, inicia otras, reorganiza las tareas del hogar y toma cualquier medida que sea necesaria para ser mejor. Está comprometida con la excelencia y la alta productividad.

Porque es la mujer virtuosa, tiene buen entendimiento (1 S 25:3). Sabe que la sabiduría puede multiplicarse y dirigirse para obtener una mayor productividad. No será sorprendida con el hierro embotado (Ec 10:10). Está en búsqueda de mejores métodos, herramientas, horarios, asesorías, recetas o cualquier cosa que le permita mejorar su rendimiento. Está a la vanguardia de cada ventaja que le permita lograr cada vez más en sus tareas.

Muchas profesiones y oficios requieren educación continua, ya que un mundo cambiante exige conocimientos actualizados. Si un empleado no sigue aprendiendo y mejorando, entonces perderá su puesto en la empresa. La mayoría de los empleadores pagarán los cursos que mejoren el valor de un empleado. Quieren empleados que estén continuamente ampliando sus habilidades y conocimientos para aportar cada vez más valor a la empresa. Y el papel y el trabajo de una mujer no es menos importante. Ella debe mejorar continuamente.

Las ancianas deben enseñar a las jóvenes en las iglesias de Cristo (Tit 2:3-5). Si esto se hiciera con diligencia y sabiduría, cada generación de mujeres cristianas sería mejor que la anterior en términos de santidad y piedad conyugal y doméstica. Si este no es el caso en tu iglesia, ¿quién cambiará la tendencia? ¿Y cuándo? Toda madre cristiana también debe elevarse por encima de la mojigatería impía o la pereza y enseñarle a sus hijas por completo todo lo referente a la femineidad cristiana.

Una mujer virtuosa no se contenta con enterrar su talento; ella lo invertirá y explotará en todo su potencial; tendrá dos a la hora de rendición de cuentas. No quiere que su Señor la condene por desperdiciar el talento que le confió (Mt 25:14-30). Recuerda la parábola y multiplica tu talento como puedas.

Esposa, ¿eres la mejor amante que puedes ser? ¿La mejor cocinera? ¿La mejor madre? ¿La mejor inversionista? ¿La mejor decoradora? ¿La mejor compradora? ¿Cuál es el ingreso anual de tu negocio en casa? ¿Te dedicas con todo tu vigor todos los días a tu marido e hijos? ¿O te has jubilado? ¿Disfrutas de realizar tus deberes, o estos te abruman? ¡Cíñete de lomos! ¡Fortalece tus brazos!

Recuerda, el énfasis del Señor para una mujer virtuosa está en las habilidades y logros maritales y domésticos (Pr 31:10-31). No te justifiques citando versículos de la Biblia y leyendo libros cristianos; Dios no ha hecho de eso una prioridad para tu vida. Cada referencia a las actividades de las mujeres en la Biblia está relacionada con sus maridos, hijos y hogar.

Marido, no es solo sabiduría ayudar a tu mujer a dormir lo suficiente para que trabaje bien todo el día, es un mandamiento (1 P 3:7). Debes saber y comprender que tu mujer es el vaso más frágil y que, en la mayoría de los casos, requiere más horas de sueño que tú. Dale tiempo para que duerma bien y deja este proverbio en su mesita de noche. Ayúdala a comenzar el día renovada y con muchas ganas de empezar.

Marido, no es solo sabiduría ayudar a tu mujer a mejorar al permitirle oportunidades para expandir y multiplicar sus habilidades, es un mandamiento (Ef 5:29). Se te ordena amar a tu mujer promoviendo su crecimiento personal. Permítele tomar una clase, buscar asesoramiento, comprar una herramienta o cualquier cosa que la haga ser mejor en sus actividades. También debes darle algo de tus ingresos para que ella lo invierta y obtenga ganancia (Pr 31:31). Después de todo, hombre, tú eres quien recibirá el mayor beneficio. Esposa feliz, vida feliz.

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