Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.*
* Nota del editor: Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas.
Solo unos pocos hombres son favorecidos por Dios con una mujer virtuosa, porque este tipo de mujer es muy escaso. Es aún más escaso hoy, gracias a la maldición de la mujer posmoderna. Estas palabras de una madre a su hijo rey (Pr 31:1), son inspiradas desde el cielo. Los sabios buscarán una mujer así. Las mujeres sabias cambiarán su mentalidad y conducta para coincidir con la descripción de esta gran mujer.
La pregunta es retórica: “¿Quién puede hallar una mujer virtuosa?” Sabes la respuesta, no muchos pueden encontrar una. Las mujeres odiosas están por doquier, y las mujeres promedio no cumplen con el estándar. La mujer virtuosa, definida en los versículos siguientes, es la mujer excepcional que la madre del rey Lemuel deseaba para su hijo (Pr 31:10-31). Hay pocas en la tierra, y son preciosas.
Es bueno dar un diamante a una mujer virtuosa, porque muestra su valor muy por encima de los rubíes. Pero la tradición universal demuestra que la mayoría de los hombres son defraudados porque sus mujeres apenas merecen un rubí (Ec 7:26-28). ¿Qué es el matrimonio para una mujer promedio? Una lección de 50 años en decepción. Y el pobre hombre engañado que se casó con ella debería haberse ido vivir en un rincón del terrado desde el principio (Pr 21:9; Pr 11:22; 12:4; 30:21-23)
¿Qué hombre hallará a una mujer virtuosa? ¿El que sale con una “cristiana” de hoy en día? ¿El que conoce a una “hermana en la fe” en un sitio de citas? ¿El que escoge a una chica por compatibilidad de temperamento, o porque le gustan los mismos ingredientes en la pizza que a él? ¿El que conoce a una que quiere una familia del mismo tamaño que él? ¿El que conoce a una joven en la misma iglesia a la que él asiste? ¿El que por fin encuentra a una que hace la mejor torta de chocolate que jamás ha probado?
La mujer virtuosa es extremadamente rara: una especie en extinción. Pero hallarla no es imposible. Dios y Salomón se unieron para salvarte de 50 años de frustración. Humíllate y sigue leyendo. El criterio es sencillo.
En primer lugar, ella debe temer al Señor (Pr 31:30). La Biblia exalta el temor de Dios sobre la hermosura. La belleza no es una medida aceptable del carácter en una mujer (Pr 11:22); además, no dura mucho (Ec 12:1: 1 Co 7:36). Una mujer linda será más fácilmente tentada al adulterio (Ez 16:15) y será una mayor fuente de celos para su marido (Nm 5:14). También será tentada a la soberbia (Is 3:16). ¡Exige el temor del Señor!
Temer a Dios es tener una humilde reverencia por Él y Sus juicios, y un aprecio sobrecogedor por Su favor y misericordia. Es también odio al mal (Pr 8:13), alejamiento del mal (Pr 3:7), deseo sacrificial de agradar a Dios (Gn 22:12), obediencia suprema al Señor (Ex 1:7), andar recto (Pr 14:2), deleite en los mandamientos de Dios (Sal 112:1), sencillez de corazón (Col 3:22), y sumisión general (Ef 5:21). Una mujer virtuosa tendrá un comportamiento general que se convierte en santidad (Tit 2:3). Ella adorará a Dios como su meta más alta en la vida y estará totalmente comprometida a vivir de acuerdo con la Palabra de Dios, sin importar cuán impopular sea.
Ya que el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Pr 1:7; 9:10) e incluye el deleite en Sus mandamientos (Sal 112:1), una mujer que teme a Dios amará y tratará a su marido exactamente como Dios le enseña en la Biblia que debe hacerlo. Una mujer que teme a Dios rechazará las ideas actuales sobre las mujeres que son contrarias a la palabra de Dios. Una mujer que teme al Señor no se dejará mover por las dificultades conyugales, porque su confianza está en el Señor, no en su marido. Debido a que Dios hizo a la mujer para el hombre, un hombre sería un necio si descuidara este criterio sencillo pero perfecto.
El temor de Dios en una mujer puede probarse o mejorarse usando la definición anterior y probándola con la Biblia. Las pruebas sabias podrían incluir enfrentarla con los requisitos de Dios en sus finanzas, amigos, apariencia, relación con sus padres, cabello, hábitos espirituales, temperamento, sumisión, la educación cristiana o bíblica. Una mujer que teme al Señor lo pone a Él primero en cada área de su vida, tanto interna como externamente.
Segundo, la Biblia exalta la bondad (Pr 11:16). Esto es tener un carácter agradable y apacible todo el tiempo; poseer gracia cautivadora y encantadora, especialmente en sus modales; ser misericordiosa y compasiva; caracterizarse por la bondad y la cortesía, especialmente la bondad condescendiente, la indulgencia y la misericordia hacia los menos favorecidos. Esta mujer nunca es ofensiva ni altanera, siempre es agradable, discreta y modesta, y es deliciosamente encantadora en todos los sentidos.
La mujer virtuosa es siempre respetada (Pr 11:16). No estropea su fragancia con un poco de locura (Ec 10:1). Su conducta se basa en las cualidades de la pureza moral y el habla discreta (Pr 22:11). El hablar amable y lleno de gracia es parte de la gracia (Pr 16:13; 17:27; 31:26; Ec 10:12; 1 P 3:3-4). Una mujer hermosa pero sin gracia es una contradicción apestosa (Pr 11:22). Una mujer fea o promedio sin gracia es menos que eso. Este requisito eliminará a todas las mujeres odiosas (Pr 21:9,19; 30:21-23).
Una mujer virtuosa tendrá amigas virtuosas. Será sensata, con los pies en la tierra, realista, equilibrada y mantendrá esta posición incluso en medio del caos. Tendrá límites claros y no se dejará influenciar fácilmente por la ansiedad, los sentimientos, las emociones ni por la opinión ajena.
Tercero, la Biblia exalta la diligencia (Pr 14:1; 31:13-29). Una mujer virtuosa trabaja duro. No aprecia el ocio. Las siestas son solo por necesidad. No marca el paso durante un día. Desprecia los atajos que sacrifican la calidad. Se levanta temprano y se queda hasta tarde. Es prudente, confiada y previsora. Es creativa y persistente. Termina cada proyecto que comienza; se deleita con el trabajo bien hecho; y siempre busca más que hacer. Se siente culpable por desperdiciar el tiempo en el teléfono o la Internet. Trata de trabajar más que su marido. Evita el té social, mirar escaparates, ver la televisión o charlar con las vecinas.
Una mujer trabajadora antes del matrimonio ayuda a su madre, tiene excelentes calificaciones, una ocupación personal, una cuenta de ahorros sin deudas y un lugar donde vivir. Presta atención al detalle en su apariencia; es indiferente a la recreación; es puntual, aprecia la calidad, se ofrece como voluntaria para ayudar a los demás, es alegre en el trabajo, nunca se queja, es madrugadora, y no tiene ausencias en ningún lado donde se espera su presencia.
El hombre que puede hallar a una mujer virtuosa es aquel que es virtuoso él mismo. No te engañes. Debes ser virtuoso tú mismo, primero, para que el Señor te conceda una. Si intentas cualquier otro método, de seguro fracasarás. Salomón probó a 1.000 mujeres, y terminó declarando de cada una que era “más amarga que la muerte” (Ec 7:26a). La solución era: “El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso” (Ec 7:26b). Debió él mismo ser un hombre virtuoso para que el Señor le concediera lo que buscaba su alma (Ec 7:28). Si rechazas la sabiduría de este proverbio y la experiencia de Salomón, debes amar la muerte lenta de 50 años con una mujer decepcionante (Pr 12:4).
Pero si te humillas ante la sabiduría inspirada de este proverbio, disfrutarás de 50 años de un buen matrimonio en la tierra. El Dios que ordenó el matrimonio te bendecirá en tu búsqueda, si lo buscas a Él en el asunto primero, y sigues sus instrucciones (Pr 18:22; 19:14; 31:30). ¡Que Dios te bendiga para encontrar tal diamante!
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.*
* Nota del editor: Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas.
Solo unos pocos hombres son favorecidos por Dios con una mujer virtuosa, porque este tipo de mujer es muy escaso. Es aún más escaso hoy, gracias a la maldición de la mujer posmoderna. Estas palabras de una madre a su hijo rey (Pr 31:1), son inspiradas desde el cielo. Los sabios buscarán una mujer así. Las mujeres sabias cambiarán su mentalidad y conducta para coincidir con la descripción de esta gran mujer.
La pregunta es retórica: “¿Quién puede hallar una mujer virtuosa?” Sabes la respuesta, no muchos pueden encontrar una. Las mujeres odiosas están por doquier, y las mujeres promedio no cumplen con el estándar. La mujer virtuosa, definida en los versículos siguientes, es la mujer excepcional que la madre del rey Lemuel deseaba para su hijo (Pr 31:10-31). Hay pocas en la tierra, y son preciosas.
Es bueno dar un diamante a una mujer virtuosa, porque muestra su valor muy por encima de los rubíes. Pero la tradición universal demuestra que la mayoría de los hombres son defraudados porque sus mujeres apenas merecen un rubí (Ec 7:26-28). ¿Qué es el matrimonio para una mujer promedio? Una lección de 50 años en decepción. Y el pobre hombre engañado que se casó con ella debería haberse ido vivir en un rincón del terrado desde el principio (Pr 21:9; Pr 11:22; 12:4; 30:21-23)
¿Qué hombre hallará a una mujer virtuosa? ¿El que sale con una “cristiana” de hoy en día? ¿El que conoce a una “hermana en la fe” en un sitio de citas? ¿El que escoge a una chica por compatibilidad de temperamento, o porque le gustan los mismos ingredientes en la pizza que a él? ¿El que conoce a una que quiere una familia del mismo tamaño que él? ¿El que conoce a una joven en la misma iglesia a la que él asiste? ¿El que por fin encuentra a una que hace la mejor torta de chocolate que jamás ha probado?
La mujer virtuosa es extremadamente rara: una especie en extinción. Pero hallarla no es imposible. Dios y Salomón se unieron para salvarte de 50 años de frustración. Humíllate y sigue leyendo. El criterio es sencillo.
En primer lugar, ella debe temer al Señor (Pr 31:30). La Biblia exalta el temor de Dios sobre la hermosura. La belleza no es una medida aceptable del carácter en una mujer (Pr 11:22); además, no dura mucho (Ec 12:1: 1 Co 7:36). Una mujer linda será más fácilmente tentada al adulterio (Ez 16:15) y será una mayor fuente de celos para su marido (Nm 5:14). También será tentada a la soberbia (Is 3:16). ¡Exige el temor del Señor!
Temer a Dios es tener una humilde reverencia por Él y Sus juicios, y un aprecio sobrecogedor por Su favor y misericordia. Es también odio al mal (Pr 8:13), alejamiento del mal (Pr 3:7), deseo sacrificial de agradar a Dios (Gn 22:12), obediencia suprema al Señor (Ex 1:7), andar recto (Pr 14:2), deleite en los mandamientos de Dios (Sal 112:1), sencillez de corazón (Col 3:22), y sumisión general (Ef 5:21). Una mujer virtuosa tendrá un comportamiento general que se convierte en santidad (Tit 2:3). Ella adorará a Dios como su meta más alta en la vida y estará totalmente comprometida a vivir de acuerdo con la Palabra de Dios, sin importar cuán impopular sea.
Ya que el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Pr 1:7; 9:10) e incluye el deleite en Sus mandamientos (Sal 112:1), una mujer que teme a Dios amará y tratará a su marido exactamente como Dios le enseña en la Biblia que debe hacerlo. Una mujer que teme a Dios rechazará las ideas actuales sobre las mujeres que son contrarias a la palabra de Dios. Una mujer que teme al Señor no se dejará mover por las dificultades conyugales, porque su confianza está en el Señor, no en su marido. Debido a que Dios hizo a la mujer para el hombre, un hombre sería un necio si descuidara este criterio sencillo pero perfecto.
El temor de Dios en una mujer puede probarse o mejorarse usando la definición anterior y probándola con la Biblia. Las pruebas sabias podrían incluir enfrentarla con los requisitos de Dios en sus finanzas, amigos, apariencia, relación con sus padres, cabello, hábitos espirituales, temperamento, sumisión, la educación cristiana o bíblica. Una mujer que teme al Señor lo pone a Él primero en cada área de su vida, tanto interna como externamente.
Segundo, la Biblia exalta la bondad (Pr 11:16). Esto es tener un carácter agradable y apacible todo el tiempo; poseer gracia cautivadora y encantadora, especialmente en sus modales; ser misericordiosa y compasiva; caracterizarse por la bondad y la cortesía, especialmente la bondad condescendiente, la indulgencia y la misericordia hacia los menos favorecidos. Esta mujer nunca es ofensiva ni altanera, siempre es agradable, discreta y modesta, y es deliciosamente encantadora en todos los sentidos.
La mujer virtuosa es siempre respetada (Pr 11:16). No estropea su fragancia con un poco de locura (Ec 10:1). Su conducta se basa en las cualidades de la pureza moral y el habla discreta (Pr 22:11). El hablar amable y lleno de gracia es parte de la gracia (Pr 16:13; 17:27; 31:26; Ec 10:12; 1 P 3:3-4). Una mujer hermosa pero sin gracia es una contradicción apestosa (Pr 11:22). Una mujer fea o promedio sin gracia es menos que eso. Este requisito eliminará a todas las mujeres odiosas (Pr 21:9,19; 30:21-23).
Una mujer virtuosa tendrá amigas virtuosas. Será sensata, con los pies en la tierra, realista, equilibrada y mantendrá esta posición incluso en medio del caos. Tendrá límites claros y no se dejará influenciar fácilmente por la ansiedad, los sentimientos, las emociones ni por la opinión ajena.
Tercero, la Biblia exalta la diligencia (Pr 14:1; 31:13-29). Una mujer virtuosa trabaja duro. No aprecia el ocio. Las siestas son solo por necesidad. No marca el paso durante un día. Desprecia los atajos que sacrifican la calidad. Se levanta temprano y se queda hasta tarde. Es prudente, confiada y previsora. Es creativa y persistente. Termina cada proyecto que comienza; se deleita con el trabajo bien hecho; y siempre busca más que hacer. Se siente culpable por desperdiciar el tiempo en el teléfono o la Internet. Trata de trabajar más que su marido. Evita el té social, mirar escaparates, ver la televisión o charlar con las vecinas.
Una mujer trabajadora antes del matrimonio ayuda a su madre, tiene excelentes calificaciones, una ocupación personal, una cuenta de ahorros sin deudas y un lugar donde vivir. Presta atención al detalle en su apariencia; es indiferente a la recreación; es puntual, aprecia la calidad, se ofrece como voluntaria para ayudar a los demás, es alegre en el trabajo, nunca se queja, es madrugadora, y no tiene ausencias en ningún lado donde se espera su presencia.
El hombre que puede hallar a una mujer virtuosa es aquel que es virtuoso él mismo. No te engañes. Debes ser virtuoso tú mismo, primero, para que el Señor te conceda una. Si intentas cualquier otro método, de seguro fracasarás. Salomón probó a 1.000 mujeres, y terminó declarando de cada una que era “más amarga que la muerte” (Ec 7:26a). La solución era: “El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso” (Ec 7:26b). Debió él mismo ser un hombre virtuoso para que el Señor le concediera lo que buscaba su alma (Ec 7:28). Si rechazas la sabiduría de este proverbio y la experiencia de Salomón, debes amar la muerte lenta de 50 años con una mujer decepcionante (Pr 12:4).
Pero si te humillas ante la sabiduría inspirada de este proverbio, disfrutarás de 50 años de un buen matrimonio en la tierra. El Dios que ordenó el matrimonio te bendecirá en tu búsqueda, si lo buscas a Él en el asunto primero, y sigues sus instrucciones (Pr 18:22; 19:14; 31:30). ¡Que Dios te bendiga para encontrar tal diamante!
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