Libra a los que son llevados a la muerte; Salva a los que están en peligro de muerte.
No puedes esquivar tu deber. Eres el guardián de tu prójimo. Dios espera que ayudes y protejas a los que están en peligro de muerte injusta, si tienes el poder para librarlos.
Para apreciar la advertencia aquí, el proverbio continúa:
“Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras?” (Pr 24:12)
El problema aquí es la muerte. Salomón claramente habla aquí de un peligro mortal. Los que necesitan ayuda se describen como “los que son llevados a la muerte” y “los que están en peligro de muerte”. No estás obligado a involucrarte en cada controversia o necesidad, pero el riesgo de muerte que corre alguien exige tu participación, si tienes el poder para ello.
Sin embargo, debido a que aquí se enseña el principio de intervención para que ayudes a alguien que puedas salvar de problemas graves (Is 58: 6-7; Lc 6: 27-38; 10: 25-37; 1 Jn 3:17), la sabiduría debe ayudarte a equilibrar la balanza, porque también ella te dice que no te entrometas en pleito ajeno (Pr 26:17).
La suposición en el proverbio es la muerte injusta. No existe el deber de rescatar a los justamente sentenciados a la pena capital. El quitar la vida por delitos capitales es parte de la justicia dada por Dios a los hombres. Él instituyó la pena capital antes de que la Ley Mosaica fuera dada (Gn 9:6), y luego la confirmó en dicha Ley (Nm 35:31). La ayuda aquí es solo para aquellos que no merecen la muerte. Protestar contra la pena capital es luchar contra Dios a dos niveles (Gn 9:6; Pr 28:17; Ro 13:4).
La advertencia primeramente se aplica a los gobernantes civiles, lo cual a menudo estaba en la mente de Salomón, ya que escribió para beneficio de su hijo, el próximo rey de Israel (Pr 1:8; 24:13; 27:11). Su deber ante Dios era proteger a los que no podían defenderse por sí mismos (Pr 31:8-9; 20:28; 29:14).
Pero también se extiende a ti, si puedes salvar la vida de alguien injustamente amenazado de muerte. Si el verdugo es el gobierno, es mejor que conozcas muy bien la justicia o la injusticia del asunto, y seas sabio en la manera de involucrarte. Los siguientes ejemplos deberían ayudarte en tu decisión.
La Biblia enseña sobre el Buen Samaritano (Lc 10:30-37). Pero también debes considerar a Rubén (Gn 37:21-22), Judá (Gn 37:26-27), las parteras hebreas (Éx 1:16-17), Jonatán (1 S 19:4-6; 20:26 -34), Husai (2 S 17:7-14), Abdías (1 R 18:4), Ester (Est 8:4-8), Job (Job 29:12-17), Ahicam (Jer 26:24), Ebed-melec (Jer 38:7-13), Johanán (Jeremías 40:13-16), Daniel (Dn 2:12-18) y el sobrino de Pablo (Hch 23:16-19).
Si hubieras vivido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, bien podrías haber tenido la oportunidad de salvar a un judío de la muerte. Llegar a la conclusión correcta en tal caso no habría sido muy difícil con este proverbio y los ejemplos proporcionados grabados en tu mente.
Dado que los no nacidos son asesinados en clínicas de aborto, ¿deberías intervenir en contra de la ley para salvarlos? ¿Cómo puedes salvarlos, si es su madre quien los llevó allí? Tendrías que matarla a ella para salvar al bebé, lo que muy probablemente también resultaría en la muerte del bebé. En tales casos imposibles y profanos, confía en el Dios vivo.
El aborto y el infanticidio no son nuevos. Ocurrieron en Roma, y los apóstoles no llamaron a los creyentes a manifestarse o a involucrarse. Si detuvieras el asesinato de un no-nato en un lugar, otra madre asesina le quitaría la vida a otro no-nato en otro lugar. Cuando no tienes poder para intervenir, ten presente que hay un Dios que ve a cada madre y a cada criatura en su vientre. Y recuerda, estos crímenes pueden reflejar Su juicio sobre una nación (Ez 20:22-26; Ro 1:18-32).
Volviendo a tu deber, la lección y advertencia es para aquellas situaciones en las que claramente puedes hacer algo para salvar un alma inocente de la muerte. Dios escucha cada excusa y ve cada motivo del corazón, y certeramente pagará a cualquier persona que pudiera haber ayudado por su complicidad en la muerte de algún inocente (Pr 24:12; Ec 5:8).
Sin embargo, hay otra muerte en la que quizás no pienses fácilmente al considerar el proverbio. La Biblia enseña que hacer volver a un hermano del error a la verdad salvará su alma de la muerte, porque lo ayudas a restaurar su comunión con Dios, y aplazas o pones fin al castigo de Dios en su vida (Stg 5:19-20; Lc 15:24,32; Ef 5:14; 1 Ti 5:6; Ap 3:1). Recuerda este deber y privilegio dado por Dios, y actúa en consecuencia para beneficio de tu prójimo y hermano.
Libra a los que son llevados a la muerte; Salva a los que están en peligro de muerte.
No puedes esquivar tu deber. Eres el guardián de tu prójimo. Dios espera que ayudes y protejas a los que están en peligro de muerte injusta, si tienes el poder para librarlos.
Para apreciar la advertencia aquí, el proverbio continúa:
“Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras?” (Pr 24:12)
El problema aquí es la muerte. Salomón claramente habla aquí de un peligro mortal. Los que necesitan ayuda se describen como “los que son llevados a la muerte” y “los que están en peligro de muerte”. No estás obligado a involucrarte en cada controversia o necesidad, pero el riesgo de muerte que corre alguien exige tu participación, si tienes el poder para ello.
Sin embargo, debido a que aquí se enseña el principio de intervención para que ayudes a alguien que puedas salvar de problemas graves (Is 58: 6-7; Lc 6: 27-38; 10: 25-37; 1 Jn 3:17), la sabiduría debe ayudarte a equilibrar la balanza, porque también ella te dice que no te entrometas en pleito ajeno (Pr 26:17).
La suposición en el proverbio es la muerte injusta. No existe el deber de rescatar a los justamente sentenciados a la pena capital. El quitar la vida por delitos capitales es parte de la justicia dada por Dios a los hombres. Él instituyó la pena capital antes de que la Ley Mosaica fuera dada (Gn 9:6), y luego la confirmó en dicha Ley (Nm 35:31). La ayuda aquí es solo para aquellos que no merecen la muerte. Protestar contra la pena capital es luchar contra Dios a dos niveles (Gn 9:6; Pr 28:17; Ro 13:4).
La advertencia primeramente se aplica a los gobernantes civiles, lo cual a menudo estaba en la mente de Salomón, ya que escribió para beneficio de su hijo, el próximo rey de Israel (Pr 1:8; 24:13; 27:11). Su deber ante Dios era proteger a los que no podían defenderse por sí mismos (Pr 31:8-9; 20:28; 29:14).
Pero también se extiende a ti, si puedes salvar la vida de alguien injustamente amenazado de muerte. Si el verdugo es el gobierno, es mejor que conozcas muy bien la justicia o la injusticia del asunto, y seas sabio en la manera de involucrarte. Los siguientes ejemplos deberían ayudarte en tu decisión.
La Biblia enseña sobre el Buen Samaritano (Lc 10:30-37). Pero también debes considerar a Rubén (Gn 37:21-22), Judá (Gn 37:26-27), las parteras hebreas (Éx 1:16-17), Jonatán (1 S 19:4-6; 20:26 -34), Husai (2 S 17:7-14), Abdías (1 R 18:4), Ester (Est 8:4-8), Job (Job 29:12-17), Ahicam (Jer 26:24), Ebed-melec (Jer 38:7-13), Johanán (Jeremías 40:13-16), Daniel (Dn 2:12-18) y el sobrino de Pablo (Hch 23:16-19).
Si hubieras vivido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, bien podrías haber tenido la oportunidad de salvar a un judío de la muerte. Llegar a la conclusión correcta en tal caso no habría sido muy difícil con este proverbio y los ejemplos proporcionados grabados en tu mente.
Dado que los no nacidos son asesinados en clínicas de aborto, ¿deberías intervenir en contra de la ley para salvarlos? ¿Cómo puedes salvarlos, si es su madre quien los llevó allí? Tendrías que matarla a ella para salvar al bebé, lo que muy probablemente también resultaría en la muerte del bebé. En tales casos imposibles y profanos, confía en el Dios vivo.
El aborto y el infanticidio no son nuevos. Ocurrieron en Roma, y los apóstoles no llamaron a los creyentes a manifestarse o a involucrarse. Si detuvieras el asesinato de un no-nato en un lugar, otra madre asesina le quitaría la vida a otro no-nato en otro lugar. Cuando no tienes poder para intervenir, ten presente que hay un Dios que ve a cada madre y a cada criatura en su vientre. Y recuerda, estos crímenes pueden reflejar Su juicio sobre una nación (Ez 20:22-26; Ro 1:18-32).
Volviendo a tu deber, la lección y advertencia es para aquellas situaciones en las que claramente puedes hacer algo para salvar un alma inocente de la muerte. Dios escucha cada excusa y ve cada motivo del corazón, y certeramente pagará a cualquier persona que pudiera haber ayudado por su complicidad en la muerte de algún inocente (Pr 24:12; Ec 5:8).
Sin embargo, hay otra muerte en la que quizás no pienses fácilmente al considerar el proverbio. La Biblia enseña que hacer volver a un hermano del error a la verdad salvará su alma de la muerte, porque lo ayudas a restaurar su comunión con Dios, y aplazas o pones fin al castigo de Dios en su vida (Stg 5:19-20; Lc 15:24,32; Ef 5:14; 1 Ti 5:6; Ap 3:1). Recuerda este deber y privilegio dado por Dios, y actúa en consecuencia para beneficio de tu prójimo y hermano.
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